18 de junio de 2011

Egipto a través de mis ojos.

Todo comienza con un fascinante mito.
Dioses del Sol y la Luna, hijos, guerras entre ellos, asesinatos, un amor esperanzador, resurrecciones mágicas y grandes triunfos finalmente. Egipto desde sus inicios ha sido único e interesante.


Para la cultura y creencia faraónica, éste mito (¿o verdad?) fué su vida. Gracias a la mágica resurrección de Osiris, los faraones simplemente no creían en la muerte. Para ellos existía "la otra vida", y ésta si era eterna. Por esta fabulosa filosofía, es que sus tumbas eran tan especiales, no como las de hoy en día (cajas mas oscuras y escalofriantes que la muerte misma). Sus tumbas, expresan felicidad, esperanza, pero sobre todo, expresan un culto enorme para sus dioses. Pasar a la otra vida, era sinónimo de estar con ellos. Cada día soñaban con ello. Pero de esto, te sigo contando mas adelante..


Egipto es una de esas buenas contradicciones que puedes toparte por la vida. En una ciudad donde además de encontrar por sus calles casas, edificios, semaforos, centros comerciales, y cientos de personas, también puedes conseguirte con una de sus grandes atractivos: Las Piramides y su misteriosa y bella Esfinge. Justo ahí, al lado de una calle repleta de tiendas, carros, camellos y personas. Lo que se imaginaba tu mente inocente son Piramides y un gran desierto al rededor, pero no, El Cairo y su caos se encargan de mostrarte cuán equivocado de él estabas.


Las Pirámides son imponentes, cada piedra que las forman tienen aproximadamente mi altura, y son tan grandes como la cantidad de años que han estado en ese piso seco y arenoso. Cada piedra que subía, era como estar más cerca de algún tipo de sueño imposible, sueño que poco a poco se iba convirtiendo en una dimensión desconocida cuando pude entrar, gracias a un pasaje descendiente, a una de las pirámides: La Pirámide de Giza, la más alta y significativa de todas, donde fué enterrado uno de los más antiguos y grandes Faraones: Keops.


Mientras gateaba por sus largos y estrechos pasadizos (no puedes ir de otra manera por el espacio) era inevitable sentir como se adueñaba de mi la paranoia; pensar que se derrumbaban sobre mi, miles y miles de toneladas/piedra, no era nada lindo. En general, una carga de emociones y sentimientos encontrados se posó sobre mi. En ellas, estaban la curiosidad por lo que iba a ver, la fascinación de estar dentro de la pirámide, luego se me presentó el miedo por el misterio y la energía que allí se siente, la paranoia por el muy reducido espacio, pero sobre todo, mmmm, sobre todo.. la verdad no sé como describirlo, pero fué un momento realmente único.


En pocos días, dejamos la tierra por el río, lo estable por lo inestable, el caos de El Cairo por la tranquilidad del Nilo. Aswam y su poblado Nubio, nos guardaban una gran sorpresa.


Recorriendo el río Nilo en una falúa (bote tradicional), llegamos al poblado Nubio. Pequeño por su geografía, pero grande, muy grande por su especial gente y sus buenas vibras. En sus calles te puedes conseguir con gente amable, toparte con sonrisas en una que otra esquina, y si la suerte te acompaña, serás invitado a sus sencillas pero mágicas casas. La sorpresa del pueblo Nubio solo empieza cuando te enseñan que para la felicidad (la verdadera) no se necesitan muchas cosas. Para ellos, una bonita, grande y colorida alfombra, cojines, un narguile, comodas camas y algunos utensilios de comida, son suficientes para ser felices.


En pocos minutos, este especial lugar, logró que en mi mente solo se repitieran dos palabras: "Quiero quedarme". Pero, este deseo se convirtió rapidamente en una afirmación, cuando al atardecer, navegando nuevamente sobre el Nilo, acostada sobre el techo de otro bote, viendo las estrellas junto a mi madre y junto a un chico nubio que nos cantaba en su idioma. Así fué, como pude darme cuenta que realmente esos son los momentos que llenan en esta vida, que te inspiran y que te hacen estar high, en el cielo. Otro momento único que me había regalado Egipto.


Los siguientes días, impresionantes templos como los de Kom Ombo y Luxor cautivaron mi vista. Sus murales. gracias a sus hermosos jeroglificos, cuentan la escencia del Egipto Faraónico. A mi parecer, fué como pasearse por una gran biblioteca donde, en vez de libros y letras, las imágenes son las que expresan todo lo que en esa época se vivió.


Como broche fnal, Egipto me muestra el tan misterioso Valle de los Reyes. Es aquí donde los faraones de las últimas dinastías fueron enterrados. Tutankamón, Ramses y Thutmose son algunos de los nombres que se pueden encontrar en el listado de tumbas. Embriagador. Creo que es la mejor definición que pude encontrar para describir a estos lugares, que mas que tumbas, son como palacios subterraneos, donde la muerte es celabrada de una manera poética. Acá, los jeroglíficos también adornan las paredes, con la única diferencia que esta vez, los colores brillantes los acompañan.


¿Estar completamente a oscuras, acompañados solamente con sarcofagos, el silencio y la energía faraónica? Esto solo puede pasar aquí, en el Valle de los Reyes. ¿Entrar a la tumba de Tutankamón y aún apreciar luego de miles de años su momia? se los digo, los momentos mágicos y únicos no terminan nunca en este impresionante lugar.


Egipto no es nada parecido a lo que se ve a través de la televisión o lo que podemos leer en las enciclopedias virtuales, es mucho mas que eso. Egipto es mistorioso, cautivador, alucinante y correrás el gran riesgo de quedar adicto a él y a sus momentos únicos cuando pises sus deslumbrantes tierras. Así que preparate, porque esta adicción no tendrá tratamiento en su contra.




Luz
18/06/11